¿Por qué regalar algo hecho a mano?

¿Por qué regalar algo hecho a mano?

Como artista y artesana, soy muy consciente de la abismal diferencia que existe entre regalar algo hecho a mano y regalar algo producido en masa.
Y entiendo perfectamente que, si no eres artista o no estás muy familiarizado con este mundillo, quizá no veas nada especialmente distinto entre regalar artesanía o comprar algo en una gran superficie.

Precisamente por esa razón, en este apartado me gustaría compartir mi experiencia personal, tanto comprando artesanía como creándola, para que puedas sentir, aunque sea un poco, qué fue lo que me hizo enamorarme de las cosas hechas a mano y qué despertó en mí el deseo de empezar a crearlas por mí misma.

1- Regalar artesanía es una experiencia

Desde el momento en que decides comprarla, pasando por el empaquetado e incluso por la tarjeta de visita o el trato con el artista, todo forma parte de una experiencia en sí misma, tanto para quien compra como para quien recibe el regalo.

Comprar artesanía significa pasear por el Artist Alley de tu evento favorito, entrar en esa tienda local única y especial, o descubrir una página web mágica que el artista cuida y mima cada día durante horas.
Para mí, es una experiencia genial, gratificante, llena de dopamina y de atención personalizada.

La experiencia de recibir un regalo o un pedido artesanal es pura magia.
Los artistas solemos preparar los paquetes con mucho cariño, para que incluso verlos en el buzón o tenerlos en las manos por primera vez ya resulte especial. Desde empaquetados cuidados hasta pequeños regalitos sorpresa, nunca sabes qué maravillas encontrarás como extra en un pedido de arte o artesanía.

A mí me gusta pensar que, si pudiéramos ir al Callejón Diagon de Harry Potter, los productos que compraríamos allí se presentarían de una forma muy parecida.

2-Algo original y difícil de repetir.

Puede que existan piezas parecidas, pero cuando compras artesanía es casi imposible que haya dos exactamente iguales.
Y no solo por las diferencias entre artistas, sino porque cada pieza hecha a mano tiene sus propias marcas, formas y pequeños matices que la hacen única e irrepetible.

En mi caso, no suelo repetir mis figuras a menos que alguien me lo pida expresamente o que una pieza tenga mucho éxito (y aun así, solo hago algunas más).
El motivo principal es sencillo: nunca quedan exactamente iguales. Por eso siempre aviso a mis clientes de que, si una figura les gusta, no la dejen escapar, porque esa pieza concreta no volverá a existir.

Por otro lado, regalar artesanía también es una forma de marcar la diferencia frente a otros regalos.
No solo por la originalidad, sino porque te llevas contigo una historia que poder contarle a la persona que lo recibe.
Por ejemplo:
“¿Sabes? Esta figura la ha hecho una chica completamente a mano. La descubrí paseando por un mercado de brujas, y me contó que las crea con intención para que acompañen y den suerte a quien las tenga.”

Al final, no es solo un regalo.
Es una historia, un recuerdo… y una experiencia que se queda. ^-^

3-Intercambio de energía y sentimiento de conexión.

Ya me ha pasado varias veces —y no solo a mí, también lo he visto en algunos de mis clientes— ese sentimiento tan especial al ver una pieza de arte que parece gritarte:
“¡Estoy hecha para ti! ¡Llévame contigo!”

En mi caso, hay ocasiones en las que, al ver una ilustración o una pieza de artesanía, siento algo difícil de explicar. A veces incluso se me eriza la piel.
Sé que puede sonar extraño, pero para mí deja claro que las piezas también llevan la energía de la persona que las crea, y eso… eso es casi magia, ¿no crees?

Con mis clientes ocurre algo muy parecido. Hay veces que alguien pasa varias veces por mi stand y siempre se queda mirando la misma pieza. Normalmente, al final, acaba comprándola.
Porque la conexión está ahí, y es muy difícil de ignorar.

Hay un caso que, a día de hoy, sigo recordando con muchísimo cariño.
Una señora mayor había venido a un mercado simplemente para acompañar a sus nietos. Era un evento enfocado en ciencia ficción, y yo estaba allí con mi tienda.
La señora pasó varias veces delante de mi stand, deteniéndose siempre ante la misma pieza: un duende esculpido sobre una rodaja de madera, pensado para colgar en la pared.

Al principio no tenía intención de comprarlo, pero finalmente se detuvo y me dijo:
“No sé por qué, pero me lo voy a llevar. Por alguna razón me ha gustado muchísimo. Yo colecciono hadas y esto no me pega nada, no sé ni dónde lo voy a poner… pero me encanta.”

Y ahí entendí, una vez más, que algunas piezas no se eligen con la cabeza, sino con algo mucho más profundo.


''Esta fue la pieza que se llevó la señora.''

4-Apoyas los sueños de otra persona.

Cada artista empieza por sus propios motivos, pero la gran mayoría compartimos algo en común: miedo y muchas dudas, sobre todo al principio.
¿Y si no le gusta a nadie? ¿Y si no valgo para esto? ¿Y si no soy suficiente?

Para dedicarse al arte hay que ser valiente. Valiente para enfrentarse a la dificultad de tener un negocio propio, pero sobre todo valiente para luchar contra los demonios de uno mismo.
Una vez decides empezar, puedo asegurarte que no es nada fácil. Al principio, la frustración y las comparaciones con otros artistas suelen ser el pan de cada día, y no todo el mundo consigue lidiar con todo eso.

De hecho, lo más probable es que, si compras a un artista en un market, de un año para otro ya no lo veas más. Muchos se quedan por el camino.

Por eso, comprar artesanía —o arte en general— es un apoyo enorme.
No es solo una venta o dinero.
Es un abrazo a todo ese esfuerzo invisible.
Es una palabra de ánimo en los días en los que he querido dejarlo todo.
Es una medalla a la creatividad.
Y, sobre todo, es una forma de contribuir a que el arte no desaparezca, porque un mundo sin arte sería un lugar muy gris.

Si has llegado hasta aquí, gracias de corazón por leerme.
Si te apetece, puedes dejarme un comentario con tu opinión; yo te leeré encantada.

Un abrazo,
y nos vemos en la próxima aventura ✨

 

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